Sin título VII

La lluvia rocía con suavidad las montañas y la vida explota después de un largo sueño caluroso. Sonidos inconfundibles llenas los sentidos y la libertad enamora al visitante de esas extrañas tierras. ¿Por qué nos alejamos de ti madre?

         Soñé hace mucho que me abandonabas, de tu cara nacía el descontento, tu regalo había sido despreciado por mi especie, nos habíamos aislado entre paredes de cemento.

         Construíamos sin querer una muralla sin salida y ahora nos morimos de hambre de ti. Lo más insólito es que no lo sabemos, lo más grave, es que no existe solución. Siempre me pregunto quién soy, sin embargo, cuando camino libre por tus parajes, llenos de sorpresas, nunca me asalta la duda., todo es más sencillo. Pero nuestro amor nunca es suficiente, siempre vuelvo a mi prisión, añoro los dulces momentos que comparto contigo y deseo volver a tu regazo lo más rápido que pueda.

         Eres como una gran espina clavada en el fondo de mi alma, sé que siempre volví y nunca dejare de volver.

         Mi estancia entre tus brazos se acorta con el tiempo y no sé cuánto más podré soportar estar separado de ti.

         Añoro tus místicas noches, alumbrada por la luna, donde los búhos hablan, los grillos cantan y algún lobo aúlla.

         Añoro: las mañanas rociadas, la niebla andante, las placenteras lagunas, el discurrir de los senderos, la soledad alegre.

         Se que sin ti no puedo vivir, pero tu dureza me expulsa hacia mi prisión.

         Nunca juzgas, tan solo observas, no lamentas, ni cambias, solo dejas que la vida pase. ¿Será que ya sabes el final? No soporto que me trates así, sin embargo, te quiero ¿Cómo hacer que nuestro amor encuentre al fin el equilibrio?

                                                                                     El narrador

2/05/2026

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