El primer muerto predecible de una estrategia militar

Un estallido irrumpe la paz de la noche.

         Un grito desgarra el silencio de un toque de queda.

         Un muerto acompaña a la barbarie.

         Y con ella, se marchan: unos pensamientos, un silbar, una mirada, un sueño, una alegría, un corazón, un caminar, un sentir, un aplauso, una tristeza, un amor, un padre, un hijo, un hermano, una caricia, una palabra, un recuerdo… Todo indivisible, singular, ya sin futuro, pero con pasado, eternamente valioso, pero sin nombre.

         Una tumba recogerá su recuerdo, aunque nadie la visitará, pues ha sido el primero pero no el único. En una noche en que un militar decide un objetivo en un mapa. Un piloto lanza su preciada carga en una ciudad sin luz, y una casa se derrumba por un error predecible.

         El mañana se encargará que el ayer se olvide, y ya nadie se acordará de cómo solía contar cuentos a sus hijos, o como amaba a su esposa, o como se paraba a admirar las caprichosas formas de las nubes.

25/04/2026

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La página que sigue a El primer muerto predecible de una estrategia militar es: Amor II.