NO ME ATREVÍA A SOÑAR…

         … porque, allá donde el espíritu se ciega y la tristeza es poderosa se había abierto el abismo del alma. Era un peregrinaje a la ceguera, a esa habitación lúgubre que alguna vez todos visitamos, donde la soledad era mi única compañía y el tiempo una eternidad que soportar.

         Aquella noche susurraba pensamientos inquietos. Sedienta de conocimiento, exploraba en busca de la verdad absoluta. Las respuestas que encontraba, se transformaban en un deshojar de infinitas margaritas, que acababan por desmontar el cordel de teorías enlazadas.

¿Cuántas veces te he pedido ver una estrella?

Muchas…

Le preguntaba: ¿Quién eres?

Le contaba al universo, Que me conformaba con tan solo un segundo de certeza, para poder recordarle.

¿Existes? La pregunta siempre sonaba como un retorno a la partida.

Mientras mi consciente se perdía entre la tela tejida de sentimientos, el espíritu huía hacia la puerta de la intuición, para entrar en un mundo donde accedía despierta, con el sencillo convencimiento de ser. Desconocía el camino que se descubría ante mí, pero con la curiosidad perdida de una niña que aún cree en las hadas, me lancé dentro de la niebla que acariciaba mi existencia.

Caminaba sobre el mar. Las olas morían en una desierta playa y en el fondo marino podía ver erizos, langostas, peces tropicales y cangrejos, que navegaban entre un inmenso bosque coralino sin fin…

A lo lejos una voz recitaba, se acercaba al oído, con un extraño amor y delicadeza. Era como escuchar el mar en una caracola.

“Dicen que cuando el tiempo aún no se había inventado, ya tenía consciencia de existir.

Él, que escucha el rumor de las vidas, dejó de hablar hace mucho tiempo, tal vez porque su sabiduría le cuenta el final de las historias.

La humanidad para justificar su silencio, imaginó la fe y el ateísmo. Pero nadie conoce que él creó los universos para que su inmortal soledad no le devorase.

Los actos de la humanidad lo sumieron en un sueño donde imperaba el silencio infinito, desesperado y triste. Pues solo se siente al saber, por medio de todos los pensamientos, que nadie se pregunta en qué cree. Él tan solo quiere dejar de sentirse solo y encontrar un amigo a quien contar los pensamientos, sueños, deseos y actos. O ¿por qué no? Establecer una sencilla conversación”

         Cuando terminó de hablar, me hallaba en la orilla de una playa infinita, una intensa luz nacida del caos tomaba forma, donde los planetas bullían para nacer, crecer y morir, multitud de almas los habitaban, pero desde allí nada moría, nada vivía, tan solo se transformaba, formaban parte de un ciclo inventado, de un juego solitario. Donde las palabras no existían y los pensamientos liberaban. Era el mayor tablero de juegos reunidos que había visto nunca. No sabía si enfadarme o alegrarme, me sentí peón de una gran broma, pero Él, con mucho amor, me rectificó. Pues detrás de aquellos tableros enmarañados de sociedades absurdas, había un escondite, para todos aquellos que lo encontrasen, era el regalo para quien entre aquellos mundos encontrara la libertad de su alma. No quiso explicarme como, simplemente me dijo que no había reglas mientras sentía como poco a poco volvía a mi realidad. Hubiera creído que era un sueño sino hubiera encontrado en mi mesilla de noche una bola de cristal que contenía una hermosa playa infinita.

09/03/2026

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