La puerta que zarandea por el viento, es el primer recuerdo de aquel hecho, una imagen que despierta mi yo verdadero, el que se esconde detrás de la puerta que zarandea. Tenía diez años aquella noche, y nadie creería que lo había hecho yo, sin embargo, así fue, a pesar que para mí la imagen es tan solo un recuerdo efímero, un comienzo de carrera. Había sido una apuesta entre mis dos personalidades, desde que nací luchaban por la pugna del poder, sin embargo, aquel día al igual que otros, gano una parte de mí. “¿Cómo ha sido capaz?” Oí decir más una vez al señor Morales. Me reía a escondidas de sus preguntas repetibles. Una vez el Sr. Morales, me cogió in fraganti en tal acto, una mirada interrogativa cambio al asombro. Desde entonces vivió al límite como si fuera el último día de su vida, me había descubierto, pero no podía acusarme. Solo era una suposición y yo tenía diez años. Su vida de límite se convirtió en una tortura provocada por mi rostro escondido. Y previsiblemente, un día de enero el Sr. Morales decidió terminar con su vida atormentada desde el día de la revelación. Él no fue el único que sucumbió por mi causa, hubo más, que debido a mi lucha de personalidades contrapuestas, terminaron en el arroyo. Yo no puedo hacer nada para evitarlo, de hecho, no sé si quiero hacerlo. La verdad es que disfrutaba ver como se hundían ante mí, me sentía halagado. Hoy no tengo ganas de vivir conmigo mismo con esos recuerdos, no sé porque, es la primera vez que me atormentan, es como un despertar de la lucha de mis dos personalidades, aunque la verdad ya me he acostumbrado a mi parte más fría, de hecho no puedo abandonarla, pues esta es como me gano la vida, la otra es demasiado frágil, llorar por el morir de una simple mosca, no puedo permitir que lo logre, de hecho siempre pierde, cuando los golpes encienden la pasión, es entonces cuando vuelvo a esa casa donde la puerta zarandea en una helada noche de invierno. Él venía de una larga ausencia, aunque siempre había estado cerca, siempre cerca, reflejado en el triste rostro de mi madre, abandonada a su suerte por mi padre, creo que era incluso más cruel que yo. Aquella noche entró en la casa como si tan solo hubiera estado media hora fuera en vez de un año. Ella lo perdonó al instante que lo vio, yo solo quería hablar con él, preguntarle que había hecho durante ese tiempo, adonde había viajado, solo quería una palabra amable. Pero él tan solo me miró a lo lejos
- y me dijo “mañana”- inmediatamente después se llevó a mi madre a la cama.
No puedo soportar su rechazo, vi que era un ser despreciable y que mi madre sufriría siempre por él. El cerrojo de la puerta era el hacha de cortar leña, cuando la vi no lo dudé, la cogí con mis infantiles manos, y a pesar de su peso la conseguí llevar hasta las cabezas de mis padres que dormían plácidamente después de hacer el amor.
Creo que ninguno sufrió en aquel baño de sangre, nadie nunca sospechó, nadie condenó a nadie y desde entonces para mí, la vida solo son secuencias de muertes.
29/03/2026
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