La nueva era

La tristeza voló, la alegría se abstuvo y el mundo volvió a ser melancolía. Por un tiempo idealizada pero nunca vivida.

         Ese añorado ser perfecto que nunca se convirtió en utopía de nuestra existencia. Donde el individuo es tozudo, pero la masa sigue dominada. Que pequeña contradicción donde los hombres con ideas políticas se convierten en parásitos y los hombres con ideales son convertidos en virus donde la masa actúa de vacuna y la sociedad en remedio. La diferencia vuelve a ser escurridiza y a los genios les practican una lobotomía en las escuelas. Los filósofos se convierten en especie en extinción y la ciencia en un simple, pero poderoso, instrumento del poder. Ya nadie se acuerda de la revolución francesa, tal vez, como en su tiempo, hemos acabado decapitando su existencia. Y los ecos de lo que fuimos como humanidad se ha convertido en susurros transportados por la brisa de aquel que olvida.

         El existencialismo dejo de ser marea y ahora pues “pienso luego no sé qué soy”. La dureza, la supervivencia, y en la ley del más fuerte vuelve a imperar la jungla del 20 por ciento de la población que sobrevive machacando al 80 por ciento de la población. El ser o no ser, el 0,7, el salvad a las ballenas y la propia voz interna, se hallan bajo llave sometidos al imperio del dinero, el feudalismo, que creemos que quedo lejos, en la edad media. Sin embargo, no es así, seguimos pagando por pasar el puente.

         La sonrisa se borró de nuestras generaciones a base de necesidades creadas por publicidad y la movida de los 80, se quedó en eso. El mundo se ha convertido en seres de memoria flaca. ¡Qué ironía! Si pensamos que, en la antropología, se califica al hombre, por tener conciencia, a partir de que se acuerda de enterrar a sus muertos. Ya nada es lo que parece, tal vez ni siquiera la evolución.

Bienvenidos a la nueva era ¿Qué nos deparara el nuevo milenio?

                                                                  La Diosa de la transformación

21/01/2026

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La página que sigue a La nueva era es: El escritor seco.