El intenso frío avanzaba entre sus doloridos huesos, quería sentirse vivo, saber quién era y encontrar su lugar en la inmensidad del universo. Sus recuerdos no le servían para definir su personalidad, o tal vez sí, más bien había vivido una vida de obligado destino, tan horroroso, que le había preparado para continuar sin deleitarse con el pasado; pero su instinto, la única habilidad que consiguió desarrollar con brillantez, pues era lo único que recordaba de su existencia, no dejaba que la derrota hacia lo inevitable fuera fácil. Entre la lucha en que se hallaba inmerso, por primera vez no pudo evitar la vuelta del pasado; su rapto, la herida casi mortal del soldado, el dolor, los delirios, la abstinencia de las drogas, el hambre, la locura y la huida. Tenía la certeza de que aquel no tan lejano pasado le ayudaría a avanzar hacia las promesas de las mafias, pero en aquella ocasión, se desvanecía ante la realidad.
Tenía miedo, más bien estaba aterrado, paralizado ante una situación donde no conocía el elemento que arreciaba contra él. Tan solo le quedaba luchar y moverse entre la inercia que regía su vida e intentaba dar impulso con las pocas fuerzas que le quedaban. Al igual que lo había hecho durante toda su historia, aquella que hablaba de un muchacho que escapaba de su país y le obligaba a recorrer medio mundo: en un largo viaje destinado a ocultar, que su alma tan solo quería ahuyentar los recuerdos, que se habían convertido en pesadilla de medianoche.
Mientras maldecía aquellos deseos que lo empujaron a un fin inimaginable para él, achicaba agua de una pequeña embarcación, en una noche cerrada, con otros destinos sin rumbo y una naturaleza que acobardaba su desfachatez. Estaba completamente empapado, al igual que otros cincuenta desconocidos, en una patera a punto de zozobrar, cerca de una costa española. El cansancio provocado por la lucha contra un mar embravecido, lo alejaban segundo a segundo de una vida soñada, de la esperanza de borrar la sangre de sus manos, de sentir aquello que llamaban paz, de no ir siempre mirando por detrás de su espalda y poder construir un futuro para encontrarse con la felicidad. Cuando la tormenta consiguió volcar los sueños, los sentimientos, las huidas y los destinos que le acompañaban, él, al igual de todos sus compañeros de infortunio, se hundían engullidos por un tenebroso mar, donde las luces de una civilización que no conocía se desvanecían y el silencio se imponía, de una tempestad, que con la profundidad perdió la fuerza.
05/04/2026
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La página que sigue a La huida es: La lejanía de la felicidad.