Juegos fugaces

Juego de colores vivos que comían incesantes el hueco verdoso de aquel rincón del mundo. Pequeñas formas que corrían de un lado para otro. Destellos de hielo que brotaban de la furia. Y una figura negruzca que disfrutaba del gran banquete. Así lo veía ella desde su escondrijo. Con sus pequeñas manos ahogaba sus sentidos. Para no oír. Aquellos sonidos viajeros que llegaban hasta el rincón de su tímpano. Por su iris atravesaban figuras teñidas de rojo, caminando torpemente, estas aullaban y ella se recogía en si misma al notar como su cuerpecito saltaba en pequeños compases de dos en dos. Había visto a su padre tendido entre medio de muchos y muchos. Antes de esconderse había ido hacia él, al tocarlos su instinto noto la muerte.

         Unas siluetas aladas planeaban en círculo por el cielo, sus gritos jugaban con el viento, y poco a poco como si alguien les hubiera llamado, caían sobre el campo plantado de cuerpos humanos. El sonido metálico fue cesando poco a poco y la pequeña al salir de su escondrijo huyó hacia ninguna parte; sola, asustada, sin cordura, sin final.

21/03/2026

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