Recostada en el sofá de su salón, Estela acariciaba su gata mientras contemplaba la programación basura de la televisión. Quería dormir, aunque sabía con extrema perfección que esa noche sería una causa descarriada. Había puesto en práctica todos sus trucos para preparar la huida nocturna; baños de sales, música relajante, ambiente de velas, su libro favorito, el documental que más le gustaba. Y nada… Eran las dos y los ojos habían perdido la habilidad de cerrarse… UNA IMAGEN… Volvió a insistir y jugó con Linda hasta la saciedad. Pero volvió la nada… El recuerdo seguía inmóvil. Existía un hecho que no quería abandonar su memoria, se podría decir que el excesivo impacto del pasado no le dejaba ni tan siquiera oír el ronronear de su amiga.
Aquella mañana, después de haberse tomado su café matutino, salió de la cafetería inmersa en sus propios y dispares pensamientos. Era un día húmedo, de gris omnipresente, triste y repleto de melancolía veraniega. Le llamó la atención una estampa poco habitual en el pueblo. Arropado entre mantas viejas y cartones se hallaba sentado un ser humano, que alzaba su mano a todos los viandantes con la intención de pedir caridad. Se quedó perdida y absorta en una mirada que transmitía desesperación, miedo y humillación. Él, al sentirse observado, clavó sus ojos en los de Estela. El tiempo se esfumó, la gente dejó de existir y el lamento de la pobreza se adentró en su existencia, de un modo tan consciente y real que sintió vergüenza. Pero el deber del trabajo llamaba a su propia supervivencia y para esconder la culpa sacó de su monedero todo su efectivo y se acercó para dárselo. El roce de sus manos en el acto la sorprendió y provocó una rápida y discreta huida hacia sus horas de actividad forzada; buscó así, calmar el alma y los pensamientos absurdos.
Pero la noche que silencia el ruido mundano, consiguió alzar la voz de su ética. Se decía a sí misma que hubiera podido hacer más, invitarle a un café o a comer o comprarle ropa nueva… algo más que el simple hecho de esfumarse. No quería admitir que la soledad que rodeaba su vida le infundía el miedo a la indigencia. Era uno de esos terrores fatalistas que a veces se cruzaba por su tranquila vida, horror al futuro, fobia a la sociedad, conciencia de pequeñez. ¿O ERAN SUS MANOS? El tacto que le había revelado una piel sucia, castigada y cálida, también le había mostrado un igual que sufría. ¿QUÉ HACER? Una pregunta que había derivado en el insomnio de las dudas y las certezas.
La amenaza del día se transformó en una otoñal tormenta, caía un inmenso aguacero acompañado de truenos ensordecedores y relámpagos espectaculares. Cerró el televisor y, junto a su gata contempló por la ventana cómo el agua corría por la calle. El cristal estaba frío, a punto de empañarse. No pudo evitar volver a pensar en el mendigo. ¿Estaría en algún lugar seco? El pueblo no disponía de ningún albergue para ellos, el más próximo estaba a 13 kilómetros. ¿Cuánto tiempo se tarda en caminar esa distancia? La lluvia dobló su intensidad y la caída de un rayo cercano fulminó la luz eléctrica. Las velas seguían encendidas al igual que la preocupación por aquel extraño. ¿Estaría bien? ¿Y si estaba enfermo? ¿Y si no tenía comida? ¿Y si sus mantas no eran suficientes? ¿Y si moría aquella noche? ¿Estaría solo y empapado? Ansiedad y nervios conducían sus movimientos, hacía las llaves, el paraguas, dos abrigos y una puerta. Debía encontrarlo, el mundo es demasiado grande como para perderse en él.
Recorrió el centro del pueblo, buscó en los cajeros automáticos, en los rellanos de los bloques de pisos, debajo del puente del barranco, preguntó a la patrulla de la policía local y siguió así hasta que consiguió encontrarlo en un portal. ¿De dónde? ¿A quién le importa?
LA IMAGEN… Se hallaba cubierto de mantas y cartones, tiritaba, sentía cómo el frío y la humedad martirizaban sus huesos, pero estaba vivo. Estela sintió alivio, se acercó a él… SORPRESA… Asombrado el verla sintió incertidumbre. Ella le extendió la mano. Él con recelo, la suya. Ella le esbozó una sonrisa. Él no supo qué expresar, pero se dejó cuidar, aceptó su ayuda para levantarse, su abrigo, su silencio, su calidez, el paraguas y su rumbo.
03/12/2025
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La página que sigue a Insomnio es: El coleccionista de miradas.