El campesino

Soñó, que no necesitaba matar la belleza para sobrevivir. Deseó, ser simple energía que viajaba por la vida. Sintió que no quería ser cazador. Pero los lloros que delataban el hambre de sus hijos, su propio vientre y el de su mujer, que ya no tenía comida almacenada, le empujaban a salir de la cabaña. Caminaba con andares torpes entre la nieve de la época, en busca de algún animal que no le repugnara asesinar, aquel que, a pesar de ser un padre o una madre, pero que en cualquier momento podría convertirse en su enemigo.

         Recorrió durante horas los llanos cercanos a su cobijo. Pero el frío silenciaba las rutinas de sus presas y mientras el atardecer se adueñaba de la naturaleza donde se cubría de mantos sombríos. Volvió al calor de la hoguera con   nada con que alimentarse, con el alma dividida entre la supervivencia y la añoranza.

         Era un día más de un año delirante, la cosecha había sucumbido a las heladas negras y las lluvias de destiempo. Se enfrentaba al invierno con un poco de pan y una mediocre destreza para la caza. La incertidumbre se paseaba por sus noches de pesadillas, y su estómago clamaba una solución.

         Pasaban los días y el instinto aplastaba el intelecto. Las dudas que habían asaltado a aquel campesino se diluyeron en su primera captura, un conejo, y se sintió bien, pero de conejos no se vive. Así que otro día buscó algo más grande y cayó un zorro y se sintió mejor, podría alimentar a toda la familia, a pesar de aquel dolor extraño que cabalgó en su corazón cuando abatió al animal. Al cabo de una semana mató a un jabalí y olvidó el dolor al volver a ver la felicidad en su casa. Se sentían sanos, fuertes pero el campesino no era feliz. Un día cuando terminaba el invierno y comenzaba sus labores en el campo, volvió a salir a cazar y esta vez se encontró a un ciervo, estaba en el lugar perfecto y no podía perder la oportunidad, a pesar de que era un animal que adoraba. Le pidió perdón a la naturaleza y su lanza alcanzó a la presa, falleció en el mismo instante en que murió su dolor, pues el instinto en aquel segundo había matado al intelecto.

29/03/2026

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