Alfamir

Alfamir es el hada de la imaginación que vive en el bosque que rodea mi pueblo. Según dice la leyenda, solo los niños pueden verla por qué los adultos perdemos el arte de crear con dos rocas y un palo. No hace mucho, algunos niños, decían que Alfamir entristecía, que sentía pena por qué los nuevos niños ya no la veían, pues vivían envueltos en el caparazón de un mundo electrónico que anulaba su capacidad de soñar. Esta tristeza era cada vez más profunda y recorría los días sumida entre el mundo de la melancolía, y rehuía de cualquier intento de consuelo por parte de los niños que aún creían en ella. Antes de que el mundo cambiara, Alfamir, solía transportar la alegría con sus cánticos del amanecer, pero desde que cesaron la felicidad había huido y ya: no crecían flores, no se oían los gorriones ni aumentaba la población del bosque y hasta la primavera del bosque languidecía. Y al enmudecer se convirtió poco a poco en uno embrujado y mis vecinos dejaron de adentrarse en él y prohibieron la entrada a sus hijos. Se cree que Alfamir se perdió entre su rumbo y la soledad le hacía dudar de su existencia mágica, pues creía que la existencia humana ya no era tal, sino, más bien un recuerdo que le parecía remoto.

         Las noticias de tan inaudita situación recorrieron las redes sociales, tan utilizada por las generaciones del XXI milenio, acostumbrada a manejar cualquier información sin saber su significado, pero a pesar de todo fue de este modo como la nueva llegó hasta un escritor de cuentos infantiles que había vivido su niñez en mi pueblo y había jugado por el bosque con Alfamir, aunque por entonces vivía al otro lado del Atlántico. Sin tan siquiera pensarlo, dejó su gira y recorrió medio mundo para encontrarse con la musa de sus cuentos.

         David llegó al bosque cuando el maleficio estaba a punto de consumarse. Una espesa niebla rodeaba los árboles, la llamaban olvido, pues según contaba una vieja leyenda, que, si alguna vez el hada de la imaginación olvidaba a los humanos, estos dejarían de crear y sería el principio del fin de toda vida en la tierra. ¿Qué es un ser existente sin su imaginación? El escritor al no poder avanzar por el bosque, se sentó al abrigo de un árbol y la llamó, pero ella no contestó, así que medio dormido medio despierto recordó la imagen, de cómo era en realidad ella: su túnica blanca que cuando reía se teñía en los colores del arco iris, que cuando se emocionaba y lloraba las lágrimas que caían en el suelo hacían brotar vegetación, de cómo lo consoló cuando su madre murió y le enseño un túnel de luz blanca donde se hallaba su madre y desde allí le saludaba, de cómo de entre sus manos cuando tocaba las hojas de los árboles sonaba música y trazos de colores que dibujaban los más hermosos cuadros y como a veces al atardecer se sentaba con los niños y les contaba cuentos viajeros que venían con las musas de los escritores. La recordaba, sí, ella consiguió con sus enseñanzas que pudiera escribir, a pesar de que con el tiempo había idealizado su imagen y su compañía al llegar al bosque los recuerdos habían rebrotado en su mente. Y la volvió a llamar Alfamir… lloraba, cada lagrima que caía al suelo era un recuerdo que volvía a la hada de la imaginación y esta despertó, más bien se agarró a ellos y busco al hombre.

  • ¿Quién eres? – Le preguntó.
  • David- respondió

Los dos se abrazaron, su musa no podía morir y para ella su aliento tenía que existir. Hablaron, recordaron y esta vez fue él quien le contó los cuentos a ella la cuál se había recostado en el árbol, se quedaron dormidos, pero sus mentes aun seguían unidas y soñaron, inventaron y David encontró una solución, y fue cuando despertó, ella seguía allí, la podía ver luminosa, la niebla había desparecido y los gorriones ya estaban contando la noticia, Alfamir volvía a iluminar el paisaje.

         A David le costó despedirse, pero Alfamir le prometió que le visitaría en el mundo de los sueños. Cuando llegó al pueblo contó a sus habitantes lo sucedido y preguntó por los niños, con los quedó para el día siguiente. David estuvo toda la noche escribiendo y por la mañana fue al colegio y les narró sus escritos solo les pidió una tarea, divulgar por internet su trabajo para iniciar la revuelta de la imaginación y él ya no se marchó del pueblo, visitó muchas veces a Alfamir y sin querer se convirtió en su guardián y cuando murió lo enterraron junto al árbol y ahora los niños dicen que le han visto muchas veces jugar con Alfamir entre el bosque, riendo e imaginando.

15/02/2026

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